Manuel Pellegrini aborda el golpe militar de 1973 en la previa de la Supercopa de España: “Gran parte del país entendía que había que hacer algo” 

Manuel Pellegrini aborda el golpe militar de 1973 en la previa de la Supercopa de España: “Gran parte del país entendía que había que hacer algo” 

Mientras alista al Betis para enfrentar al Barcelona por la Supercopa española, en Riad, el Ingeniero habla de todo. Sus definiciones no son solo futbolísticas. También abordan la contingencia y la historia no tan lejana de Chile.

Pellegrini muestra su versión mas profunda. En Arabia Saudita, en la antesala de la disputa de la Supercopa española, por la que debe medirse con el Barcelona, repasa su vida. Recuerda, por ejemplo, el cambio de rumbo que tomó desde la ingeniería al fútbol. “Mi exigencia personal es alta y mi interés por aprender es cada vez mayor. Es un tema de educación y formación. Si me hubiera ido por el lado de la construcción hoy seguiría ahí, porque mi edad biológica me pide mejorar siempre. Ser entrenador fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Me encanta la construcción. Me dediqué a ella 14 años, hice casas, edificios… pero fui jugador durante quince años, combiné la carrera de ingeniería con la de futbolista y hubo un momento que tenía que tomar una decisión. Mi vocación era la de ser entrenador. Hice lo que me gustaba. El mundo ganó a una persona satisfecha con lo que hacía”, sostiene al medio español ABC, desde Riad.

Incluso revela una vocación frustrada. “Mi intención era estudiar medicina y ser futbolista. Era un estudiante de buenas notas. En los últimos cuatro años tuve una media de 6,5 sobre 7, pero la excepción fue biología. Hice una prueba horrible y me quedé fuera de medicina, por lo que tenía que esperar un año. Así que me fui a ingeniería y ya no volví a postularme para medicina. Yo creo que hubiera sido un buen médico. Mi bisabuelo fue un médico muy conocido y mi hijo tiene una buena carrera de traumatólogo. Si te dedicas con pasión, amas tu profesión y eres exigente, normalmente te suele ir bien en tu profesión”, plantea.

La retrospección incluye su carrea como futbolista. “Jugué en Universidad de Chile 500 partidos y ahí adquirí una parte formativa que intento mejorar cada día. He evolucionado acorde a cómo lo ha hecho el fútbol porque no te puedes quedar en el pasado. El fútbol se ha profesionalizado mucho en todo este tiempo”. Y hasta admite los problemas que afrontó en sus primeros años como técnico, relacionados con el manejo de camarín. “Eso fue por mi carácter científico, de ingeniero. Soy una persona muy exigente conmigo mismo. Siempre creo que me he equivocado y que debo mejorar, pero yo tengo una personalidad que el que está a mi lado no la tiene. Yo quería inculcar mi personalidad y mi concepto de la vida a un grupo, y eso no debe ser así. Como técnico debes individualizar la personalidad de cada futbolista y buscar el mejor modo de aunarla para generar un grupo competitivo que pelee por los objetivos comunes del equipo. Imponer mi personalidad generaba rechazo”, reconoce.

La visión histórica

Pellegrini se reconoce como un lector empedernido. “No llevo la cuenta, pero seguro. Desde que aprendí a los cinco años, nunca he dejado de leer. Ahora estoy leyendo cinco libros de manera paralela. Me encanta la novela de actualidad y la novela histórica. Es una pasión que tiene como responsables a mis padres. Mi padre se auto instruyó. Aprendió por su cuenta construcción civil, sin ir a la universidad, y montó su propia empresa, que le fue muy bien. Y mi madre siempre fue lectora. La recuerdo regresando del colegio y ella leyendo en casa. Nos inculcó el amor por la literatura, por el aprendizaje. Entre ambos, un padre muy trabajador y una madre muy culta, me creo una costumbre de chico y eso no se pierde”, valora.

Ese ejercicio le permite analizar la evolución histórica de Chile, lo que da pie a su revisión más controvertida. “He visto Chiles muy distintos. En mi niñez fue un país muy pobre, en el que costaba mucho salir adelante. En 1970, cuando entré a la universidad, vino el Gobierno de Salvador Allende, el primer presidente comunista elegido democráticamente. En esos tres años el país sufrió una catástrofe total. Casi 1.000% de inflación y estaba muy dividido. Luego vino un golpe militar, que siempre son lamentables, pero en ese momento gran parte del país entendía que había que hacer algo porque de lo contrario íbamos camino de una guerra civil. La dictadura, claro, arrastra cosas que no son justificables, pero había que vivir los parámetros que se vivían en esos momentos en Chile. 16 años después, Pinochet convocó elecciones y por una abrumadora mayoría se pidió que se fuera. Ahí, vinieron treinta años en los que Chile progresó muchísimo. Pasó de ser pobre a ser un país desarrollado en todos los índices económicos, pero en los últimos diez años hubo mucha corrupción, el país se relajó y se deterioró una clase política que no supo llevar al país como hasta entonces. Luego vino el estallido social de 2019, que tiene al país parado desde hace tres años y en todo este tiempo no se han puesto de acuerdo con la nueva constitución. El diagnóstico que ha hecho la clase política es equivocado y hay un deterioro económico y de seguridad. Por eso se produjo este estallido social. Este sería mi objetivo análisis de Chile, porque yo soy neutral. No tengo color político”, enfatiza.

El fútbol, el Madrid y el Betis

El ex técnico de River Plate y San Lorenzo se reenfoca en el fútbol. Puntualmente, en el juego. “Me gusta mucho más el de hoy. Está más preparado científica, nutricional, táctica y futbolísticamente. Los jugadores son más profesionales, más activos y juegan a mayor velocidad. El fútbol de hoy es alta competición, y años atrás quizás no lo era”, sostiene.

Ahí, define qué es para él practicarlo de buena forma. “Para mí, jugar bien al fútbol es ganar. Otra cosa son las diferentes maneras de jugar, que con todas se pueden ganar, pero los equipos que no salen a ganar, que solo quieren una ocasión para vencer 1-0 no podemos compararlos con los equipos que salen a ganar y tienen doce ocasiones. No me gustan los equipos egoístas, por eso me alegra que Argentina fuera campeona en Qatar. Salió todo el Mundial y, sobre todo, la final a ganar mientras Francia espero con diez atrás para pillar un contragolpe. Eso solo cambió cuando Francia quiso jugar a partir del 80 y ahí se armó un partido espectacular para todos los amantes del fútbol”.

También recuerda las heridas que dejó su paso por el Real Madrid, aunque las da por cerradas. “Absolutamente. Si hubiera seguido en el Madrid, que me hubiera encantado, me habría saltado mi etapa en el Málaga. Ahí estuve tres años que fueron inolvidables. Nos clasificamos para Champions, llegamos a unos cuartos y la ciudad estuvo volcada con el equipo. Cambió hasta mi vida personal, me compré una casa en Marbella y voy siempre que puedo”, plantea.

En relación a su salida de los merengues, precisa algunos aspectos. “Mucha gente habla del Alcorcón o de la Champions, pero la realidad es que hubo diferencias desde cuando llegué a la hora de confeccionar la plantilla. El presidente quiso ir por su lado, y no hubo más relación con él. Empecé en julio en el Madrid y en agosto ya sabía que no seguiría allí. Teníamos ocho o nueve delanteros y solo dos centrocampistas de creación, que eran Guti y Granero. Mi fútbol se hace en base a los jugadores creativos. Me gustan los equipos que tienen futbolistas que hacen jugar y delanteros que finiquitan. Aun así, hicimos 96 puntos y 102 goles en LaLiga”, revela.

En ese sentido, critica el modelo de gestión de la Casa Blanca. “La opinión de un técnico debe ser considerada y nunca se me citó en una reunión para preguntarme qué me parecía la plantilla que se estaba haciendo. Era la manera de trabajar de Florentino Pérez y si él quiere trabajar así no hay nada que decir, porque era el presidente. Me dolió, claro, pero no tengo mala relación con él. Yo salí del Madrid con el 70% del apoyo del madridismo y, como le dije antes, se me cerró esa puerta, pero se abrió la ventana del Málaga”, expone.

En el plano más actual, aborda la realización de la Supercopa española, en la que este viernes el Betis enfrentará al Barcelona, en Arabia. “Mi reflexión es la siguiente. Mire, la clase política hace mucho tiempo que dejó de gobernar para los países. Ellos buscan sacar su propio beneficio. En cambio, el fútbol une. Hay tantas cosas que desunen en la vida que ojalá el fútbol pudiera unir en todas partes. Lo que se vivió en el Mundial de Qatar fue una unión completa y la ganancia económica que hubo detrás tan importante se va a sacar igual sea cuál sea la sede. El fútbol hay que mantenerlo como un elemento de unión porque sino habría que eliminar a China, Rusia, Arabia, Qatar… Al fútbol no le corresponde solucionar los derechos humanos. Al revés, si usas el fútbol para ello vas a desunir más. ¿Cuántas cosas unen a los seres humanos hoy en día? El fútbol, los Juegos Olímpicos y lo que tenga ese rol de diversión. La historia ha sido siempre invasión, esclavitud, feminismo… siempre ha desunido. La historia de la convivencia entre seres humanos es sangrienta. El mundo ha sido siempre una hiena”, puntualiza.

En ese plano, vuelve a mencionar a Chile y sus problemas sociales. “El fútbol no va a solucionar la parte que le toca hacerlo a la clase política. No tiene capacidad ni autoridad para hacerlo. La función del fútbol es unir. Chile hoy está muy dividido, pero juega la selección, la Roja, todo el mundo le apoya y no sé si el de al lado es comunista o de Pinochet. Eso no interesa”, sentencia.

Hay, también, una mención a los azulgranas. “Yo no veo que este Barça sea el de Xavi, Iniesta, Busquets y Messi. Yo no sé lo que dice, pero yo veo al Barça y veo que es más directo y vertical, que busca la velocidad de los delanteros, que mete pelotazo a las espaldas y que trata de salir más rápido. Ya han pasado diez años de ese Barça y el fútbol ha cambiado. Este Barça es distinto. El otro fue imbatible, yo mismo lo viví con el Madrid, pero ahora hay otro fútbol y ellos se están adaptando a esa realidad. Luego veremos los logros que consiguen”, analiza.

Y, finalmente, una referencia a su futuro, considerando el plazo de su relación con el Betis. “Tengo una cronología que me la impongo yo. Cuándo voy al gimnasio, cuándo juego al tenis, cuándo juego al golf, lo que me exijo para aprender más como técnico, lo que me exige esta profesión. Vivo el presente. Hace tiempo que digo que tengo cincuenta años, con s. Cuando ya no me dé, la actividad me retirará solo. Si puedo tener un equipo en el que desarrolle mi trabajo como a mí me gusta voy a seguir en los banquillos porque llena mi vida. Le dedico mucho tiempo al fútbol, pero no las 24 horas del día. Me gusta tener tiempo para hacer deporte, culturizarme, leer y aprender idiomas”, concluye.

Fuente: latercera.com